viernes, 10 de octubre de 2008

2ª Parte. Imágenes del Pasado. La organización social.


Probablemente nuestros antepasados tuvieron una organización social y una relación entre hombres y mujeres similar a la de los pueblos primitivos de hoy, por tanto tan solo en estos pueblos podemos encontrar la comprensión de los procesos que forman nuestras raíces.
No existe sociedad sin organización, no importa lo simple o temporal que sea, lo organizada que parezca. Siempre hay una red invisible entre los individuos de un grupo y cada uno, sea hombre o mujer, tiene su lugar en ella.



Quizá en la caza mayor, en la necesidad de una organización, se impuso el hombre e influyó poderosamente en nuestro comportamiento hereditario hacia los demás. La caza mayor es dura y peligrosa, es trabajo de hombres, no porque las mujeres no puedan realizarlo, sino porque deben tener a los hijos y criarlos, por lo que deben tener mayor tranquilidad cuando están embarazadas.
El papel del sexo no ha sido inventado por nosotros, es parte de nuestro código genético. Los hombres y las mujeres son igual de importantes para la supervivencia de la tribu y ocupan, por tanto sus posiciones correspondientes.
En Nuevas Hébridas la organización social permanece inmutable. Organización social no es lo mismo que estructura de poder organizada. Existe igualdad, pero no porque todos sean iguales, sino porque todos piensan que la igualdad no existe; siempre hay alguien mejor: mejor cazador, mejor guerrero, mejor mediador en los conflictos, etc., siempre hay alguien que en ciertas situaciones tiene la capacidad de dirigir a los demás.



Las sociedades sin jefes propios o elegidos son hoy muy pocas en el mundo. Los aborígenes de Australia o los !Kung San del Kalahari son un buen ejemplo de este sistema. Según los etnoarqueólogos probablemente así funcionaban nuestros antepasados de la Edad de Piedra hace 10.000 años.
Pero hasta en las sociedades más reguladas, como en la Melanesia, encontramos liderazgos temporales basados en cualidades personales o de conocimientos. El liderazgo adviene solo para un corto espacio de tiempo o para una actividad determinada. En otras ocasiones puede haber alguien de algún grupo que le releve del puesto. No hay preferencias ni elección, todos conocen que éste o aquel es el líder para cierta situación y nadie es tan ridículo como para hacer problema de esto.
La organización social depende del tamaño del grupo y éste, a su vez, del suministro de alimentos. Desde el punto de vista del arqueólogo es importante tener acceso a la organización social histórica para establecer el tamaño del grupo o el área del territorio, pues éste está determinado por el suministro de alimentos.
Hay un perfecto equilibrio entre los cazadores recolectores y nunca se permite que el número de individuos de una tribu sobrepase un punto crítico. No importa que se usen métodos abortitos o infanticidas, el hambre y la superpoblación son, pues, desconocidas.
Las relaciones entre hombres y mujeres están unidas al papel que desempeñan en la producción de alimentos, es decir, a la división del trabajo entre ellos.
En sociedades con recursos altamente variados y con una producción segura de alimentos, se desarrolla generalmente una actitud positiva hacia lo sobrenatural y con frecuencia encontramos un destacado simbolismo femenino. En ellas hay un alto grado de igualdad y las mujeres dominan, al menos, tanto como los hombres. Hallamos típicas sociedades femeninas entre cazadores recolectores, como por ejemplo en los Pigmeos en África y en Malasia.
Las condiciones también son similares entre agricultores con recursos seguros, como en el mundo isleño de Indonesia, donde está arraigado el dominio femenino.

En el Neolítico la organización social pudiera muy bien haber sido, al principio, similar a la de Trobriand. Aquí no se valora el trabajo por lo que haga un hombre o una mujer, pues las realizaciones de ambos son importantes para el equilibrio social.
Sólo en culturas donde los recursos están en peligro se sucede el poder del hombre al de las mujeres. En nuestro Neolítico sucedió esto en la transición de la Edad de Piedra a la edad de Bronce hace unos 4 ó 5 mil años, cuando guardar el ganado tenía una decisión económica decisiva.

En Nueva Guinea, en las orillas del río Sepic, el suministro de alimentos variados es muy limitado, especialmente en proteínas, por lo que pudiera ser que esta fuera una de las razones de su pasado belicoso y del dominio del hombre hacia la mujer.
Es probable que un tipo de organización de grandes hombres existiera en la tardía Edad de Piedra, cuando los pueblos se hicieron más sedentarios como consecuencia de la importancia creciente de la agricultura.