jueves, 14 de enero de 2010

La Chaqueta Ya No Es Metálica. Vietnam En La Lápida III

Les ordenaron empujar a todos los vietnamitas a una zanja.
Un soldado explicó: "Empecé a dispararles y creo que maté a unas 20 ó 25 personas… hombres, mujeres y niños, hasta bebés".
A un bebé que salió a gatas de la zanja lo agarraron, lo tiraron de nuevo dentro y le dispararon.


Caminaba contemplando todo con ojos de asombro. Eso es algo que nunca podré dejar de hacer. Apasionarme con las sensaciones, con sus gentes, sus coloridos, sus caras...
Miraba a mi alrededor escudriñando en su arquitectura; observando las rutinas diarias de los vietnamitas; participando en los regateos con los vendedores ambulantes; riendo con la torpeza del ciclista, la velocidad del motorista, el caos circulatorio; ruborizando mi rostro con la mirada del anciano - “quizá, qué será lo que piense de mi” -…



Mi olfato envía impulsos a mi cerebro en un convite de exquisitos manjares, mezclados, mixturados, casi palpando sólidamente sus sabores, sus aromas pululantes que obligan a cerrar los ojos y dejarse llevar por la fascinante gastronomía sin pensar en lo que ingieres, solo dejarse llevar en un camino sin retorno de experiencias culinarias.
En eso estaba cuando mis pies tropezaron con algo que me hizo dirigir la mirada hacia abajo donde pude leer:
“Dang Cong Thanh
De Nhut Lang
10 – 5 – 1943”


Nuevamente os digo que mi imaginación es prodigiosa y echándose a volar contemplé el batir del ciclón enfurecido, de la tempestad dejando claro quien posee el poder atronador de poner las cosas en su sitio. Vientos huracanados jugando con los hombres y mujeres, moviendo buques inmensos a merced de las olas, rompiendo los castillos como si de casa de muñecas se tratara, blasfemando cementerios sacro santos sin respetar ni a vivos ni a muertos.
Y allí, bajo mis pies “Dang Cong Thanh” se me manifiesta, como queriéndome contar una historia, su historia, quizá la de un “Charly”, la de un “Vietcong”, o la de un campesino intentando proteger a su familia. Con toda probabilidad la de un inocente, que cometió un único delito: defender su vida y la de los suyos, su trozo de tierra, aquella que lo vio nacer, aquella que lo conoció en su infancia, aquella que un día fue invadida por fuerzas extranjeras, fuerzas diabólicas…

Puede que su vida la pasara agachado en los arrozales; quizá sus hazañas se contaran entre los jóvenes de heroicas proezas y batallas inmemoriales. “Dang” me cuenta una historia, miles de historias…


He tocado esa lápida y mentalmente he honrado su memoria, le he pedido perdón por osar haber pisado el trozo de mármol que finalmente coronó su existencia y de alguna manera parte de “Dang” ya no me dejará mientras viva...

Hicieron lo mismo por toda la aldea. Quemaron las chozas y los cultivos, y mataron el ganado. A algunos aldeanos les rayaron "Compañía C" en el pecho; a otros los destriparon. A las mujeres las violaron. Un soldado dijo:
"No era difícil encontrar gente para matar, estaban por todos lados. Les corté la garganta, las manos, la lengua y el cuero cabelludo. Muchos soldados lo hacían y yo lo hice también".



La mano cálida de Pham Van Phu Ngao se posa sobre Tom. Es una mano cálida que contrasta con la frialdad de la losa. Phu Ngao lo aprieta, le acaricia tiernamente, lo arropa en su seno… Tom está sentado en el mármol donde está toda la familia de Phu Ngao, una familia de tantas de My Lay, la familia Thien Phu Ngao y Tom no puede dejar de llorar, pero ahora lo hace en el regazo del aquel hombre vietnamita…


1 comentario:

Agustin dijo...

Hola compañero
Somos ANIMALES de costumbres, y los únicos Animales capaces de tropezar dos veces en la misma piedra. Ojalá no vuelva a pasar aquello. (aunque ya está pasando)
Un abrazo